Blog de RqR Escritores Negros por Encargo

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Guerra | Relato | MAF


La guerra llegó al atardecer, el río Ubangui llevaba días anunciándola con los hinchados cadáveres que arrastraban sus grises y caudalosas aguas. Media docena de todoterrenos invadieron el poblado y los mercenarios que iban encaramados en ellos ametrallaban todo lo que encontraban a su paso, chozas, animales y lugareños eran el blanco de su demoledora munición. Segaban vidas para sembrar el terror.

Los asaltantes saquearon, incendiaron, torturaron, amputaron y violaron a placer. En un puñado de minutos el olor de la pólvora, la locura, los desesperados alaridos del tormento, el fuego devastador y la muerte ensangrentando la tierra, convirtieron a la aldea y sus alrededores en un hediondo campo de exterminio.

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Zambo | Crónica-ficción | RqR Escritores


La plantilla al completo de la selección brasileña ya había salido del vestuario y se dirigía hacia la zona de prensa para atender a los medios. Manuel Francisco dos Santos, autor del gol que a la postre serviría para alcanzar la final del Mundial de Chile 1962, era el último en desfilar a sabiendas de que sería el más requerido por ese tanto y por el juego desplegado junto a Pelé en la zona de ataque. Estaba acostumbrado a ese tipo de atención compartida con el astro futbolero y se resignaba a padecerla. Los periodistas le llamaron por su apodo, ¡Garrincha!, y él agachó la cabeza mientras palpaba los bolsillos delanteros de su pantalón. 

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Instrucciones para convertirse en un secretario | Ensayo | Ángeles M.


Ante aquellos que alardean de no poder tener secretos nunca se está lo suficientemente prevenido y aún menos de quien (no importa cuál sea su motivo íntimo ni su estructura psíquica) te los confía.
Tal vez se amparan en una amistad compartida o en el mucho aprecio que te tienen, desde luego que te consideran una persona íntegra, al fin y al cabo respondes al ideal de contenedor de secretos.
Es entonces cuando halagan tu supuesta discreción, tu buena memoria y, de paso, te secuestran junto al secreto entregado. Además, para asegurarse, siempre nombran explícitamente que lo que acaban de confesar es un secreto sagrado y que no has de revelarlo a nadie. Como si no hubiera ya suficientes pruebas inequívocas de que el ser humano no es libre para elegir, ahora, ni siquiera de qué se quiere ser rehén.

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