A morro | Relato | RqR Escritores


Antonia se dirigía a su cita bastante apurada cuando entró en el ascensor y lo peor que hubiera podido ocurrirle era quedarse atrapada en su interior junto a un anciano y un mozo de mantenimiento como así ocurrió. Este último se apresuró a llamar al timbre de emergencia tras varios minutos de espera y la certeza por parte de todos de que la caja estaba completamente estancada. Una operadora les garantizó a través del sistema de comunicación que muy pronto se encargarían de la incidencia.

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Escapadas solo de ida | Saldo Cero | Novela | RqR Escritores


¿Estás aburrido de pasar hambre siempre en el mismo sitio? ¿Te conoces de memoria las caras de los ladrones que te roban todas las noches el colchón? ¿Quieres probar otras culturas de la desolación distintas de la tuya? ¿Se te dan bien las peleas a vida o muerte en otros idiomas? ¿Tienes las horas contadas? ¿Necesitas desconectar de la rutina con un tiro en la cabeza lejos de tu país? Está muy claro lo que tu cerebro intenta decirte.
 
En nuestro suplemento de Escapadas solo de ida te damos las claves esenciales para recorrer lo poco que queda de mundo civilizado y disfrutar con lo puesto hasta que te lo quiten por la fuerza.

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Tiro raso | Relato | RqR Escritores


Tíralo raso y ajustado al palo derecho, le sugirió el capitán del equipo al delantero encargado de ejecutar la pena máxima señalada por el árbitro a escasos minutos de que finalizase el encuentro. Es un tipo alto pero lento y torpe por abajo, no llegará a tiempo aunque se estire. Hazme caso

El jugador sobre el que recaía la asfixiante responsabilidad de marcar para dar la victoria a su selección -y por ende a todo un país que la apoyaba con entusiasmo histérico desde las gradas del estadio, frente a los televisores, junto a los transistores, en las calles de ciudades, pueblos y pedanías a miles de kilómetros, desde las casas y bares atestados, en las zonas habilitadas por los ayuntamientos con pantallas gigantes, en el banquillo de los suplentes a pie de campo o en las residencias geriátricas con los abuelos amarrados al sofá- asintió con un discreto gesto de la cabeza sin pronunciar palabra, ocultando su mirada a la del compañero que terminó de animarle y mostrar su convicción dándole una palmada en el culo. "No llegará a tiempo", se repitió mentalmente. "No llegará a tiempo".

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